COMPLEJA SIMPLICIDAD – El Círculo Siempre Tuvo Un Solo Lado

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Por Marcos J. Díaz Almeida / Gran Canaria, Islas Canarias – Si amplificamos el sentido que tiene la realidad, podemos dilucidar que entre todos hemos llegado a este preciso instante. Si observamos lo que ha sido, lo que está siendo y lo que será sin la conceptualización que le hemos dado al tiempo, comprendemos que todo pertenece a un único parámetro regido por lo que denominamos eterno, lo que es. Bajo esta idea impera una poderosa Ley de regeneración, de la cual quizás no seamos conscientes pero a la que estamos sujetos pensemos lo que pensemos y actuemos como actuemos. De esto se desprende que jugamos un papel en la existencia para nuestro mejor o peor paso por ella, pero también que podemos ser relativamente prescindibles para el desarrollo de la vida en términos macrocósmicos de evolución.

Pase lo que pase la vida continua, y claro está que nosotros solo representamos parte de ella. En el transcurrir de acontecimientos hemos sido testigos de la muerte de estrellas, del nacimiento de islas, de la desaparición de especies, del paso de desiertos a selvas, de la transformación de estas en desiertos o de como han proliferado urbes de los lugares más inhóspitos sucumbiendo y renaciendo como consecuencia de este proceso regenerativo. Es en esta continua corriente que se manifiesta el poder de la naturaleza. De igual modo también nosotros retornaremos al flujo de la vida por medio de lo que llamamos muerte, que no es más que la parte de la vida necesaria para la regeneración, para el crecimiento, para el desarrollo evolutivo. El mundo que hoy experimentamos en toda su compleja simplicidad es la obra y creación de nuestros antecesores. Ellos, generación tras generación, han ido moldeando el mundo visible e invisible pasando de convivir con el medio a vivir del medio, de ser parte de la tierra a ser dueños de ella, de vivir de acuerdo con la ley a ser la mano que ordena, de plenamente vivir en armonía a crear enfermizas realidades. No viene al caso culpar o buscar responsabilidades pero todo esto nos ha traído hasta el día de hoy. Vivimos en parte sujetos a las realidades que se han ido multiplicando por la mente colectiva; realidades con patrones estáticos, planos, ideas inamovibles, conceptos prefabricados (muchos contra natura) y resistencias a lo inevitable, sentimientos de separación y distorsión de los principios fundamentales.

El no ser conscientes de estas actitudes nos hace seguir creando en esa progresión, pero esa progresión, como todo ciclo tiende a declinar. Cada vez somos más conscientes de cuales son nuestras creaciones y que realidades dejaremos en herencia. Cada vez son más los que se interesan por algo que pueda ir más allá de aquello que las culturas les brindan gratuitamente. Cada vez son más aquellos que miran por algo más que sus intereses personales, que tienden a la unión, que se despojan del miedo y del control, son más los que buscan verdades mas profundas o al menos sacudirse la mentira. La verdad igual aún no la sabemos, o creemos que tenemos la nuestra, pero una cosa es cierta; todo está en movimiento, en continuo cambio, en progresión y retroceso, en generación y degeneración, todo interconectado, todo interdependiente, no hay nada visible o invisible que no afecte, altere o modifique con su comportamiento al resto de la existencia. En nuestra conciencia quedará el devenir por la parte que nos toca, podemos y debemos tomar las riendas de nuestros procesos creativos si queremos coexistir como especie en este universo mientras sigamos conservando la forma. Nuestra unión con todo es irrefutable. No es necesaria ninguna demostración científica para ver lo obvio. Todos somos uno, todo es uno. El círculo siempre tendrá un solo lado.

Revista Digital UNIVERSO Nueva Era

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